Bienvenidos a Rubén Ochandiano Web, la primera web hecha por fans y para fans del actor, director y escritor español Rubén Ochandiano.
Conocido por series como "Al Salir de Clase" o "Los Hombres de Paco" y películas como: "Silencio Roto", "Los Abrazos Rotos", "Tapas",o "Guerreros.
Aquí encontrarás todo lo relacionado con él y sus proyectos.
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  [Entrevista] Revista ‘El Duende’
escrito por Mireia | el Nov 13 2014 | Categoría: Entrevistas
 

Tenía muchas ganas desde hacía tiempo de entrevistar a Rubén Ochandiano. En sus trabajos siempre me ha transmitido una mezcla de vulnerabilidad, un mundo interior en ebullición, o tal vez tan solo sea esa atracción que tienen algunas personas con otras, eso que yo llamo, imán invisible. Tras una larga entrevista esa sensación se reafirma y se acrecienta. Rubén habla como actúa, como dirige, como escribe, a corazón abierto, con el alma por delante. Sensibilidad en estado puro.

Empecemos por el final. A punto de comenzar el rodaje de una nueva película, Incidencias de nuevo con el tándem José Corbacho y Juan Cruz…
Es una película que lleva preparándose dos años, el tiempo que se ha tardado en conseguir la financiación. “Para ser sincero ahora estoy mucho más entusiasmado con el guión final. Ahora es una comedia pura, antes iba por otros lados. Al leerla me río solo y eso me parece buen síntoma”.

Tapas funcionó muy bien
Tapas funciono superbien. Quizás tenía más herida, más poesía. Incidencias es más canalla con algún tinte político. Un Ave que hace el recorrido de Barcelona a Madrid se queda parado por la nieve en medio de la nada en Nochevieja con un reparto genial: Carlos Areces, Lola Dueñas, Nora Navas, Ernesto Alterio, Aída Folch… Ahora también soy un actor diferente al de Tapas porque han pasado diez años. Yo era un actor más pesado en rodaje y dirigir me ha convertido en un actor mas fácil.

Has repetido con Corbacho y Cruz, Calparsoro o Monzón. Tú, como director, ¿tienes alguna actriz o actor fetiche?
Según la etapa. Durante un tiempo me pasó con Toni Acosta y Silma López. Ahora con Crossover estoy fascinado con Ana Morgade. Es un trayecto en el que te une una parte del camino y lo natural es que luego los caminos se separen, se vuelvan a encontrar…

En la cartelera actual de cine Español, junto a Torrente, El Niño o La Isla Mínima están otras películas como Magical Girl que se proyectan en apenas un par de salas…
Solo he tenido oportunidad de ver La Isla Mínima, que me parece estupenda. Es como si en los últimos años solo hubiese cabida para un tipo de producto y creo que es positivo para todo el mundo conseguir mezclar arte y negocio. Películas que tienen la voluntad de ahondar en un discurso o retratar el alma humana desde otra perspectiva parecen no tener sitio.

Me disgusta mucho como espectador. Los tontos y los estúpidos es una película de Roberto Castón que me sedujo y apenas duró una semana en cartel. André Marcon me parece el gran cineasta de la última generación y sus pelis no pasan de un circuito de cinéfilos muy enterados. Me preocupa que se esté idiotizando al espectador y solo se dé cabida al negocio palomitero, que yo también consumo, pero me parece imprescindible que existan películas como Magical Girl o Los tontos y los estúpidos.

¿Te atreves a dar tus favoritos para los Goya?
Yo este año he consumido menos cine porque he trabajado mucho, pero espero que Alex Catalán se lo lleve por la foto de La Isla Mínima y me haría mucha ilusión que se lo llevara Bárbara Lennie porque soy muy fan y me parece una bestia. Me encantaría que Los tontos y los estúpidos tuvieran un hueco, aunque me parece imposible. Lo que hace María León en Marsella me rompe el corazón.

Actor, director, escribiste un libro, guiones.. ¿qué hay en común en mundos tan distintos?
No soy novelista de acción, ni guionista y en muy pocas ocasiones me han pagado por dirigir, pero para mí son maneras de contar historias y de compartir conflictos que me interesan, de echar fuego, y me resulta catártico, aunque luego sean oficios muy distintos a la hora de ejecutarlos. El arte en general me resulta sanador, como cuando me puse a hacer La Gaviota de Chèjov.

En tu libro Historia de un amor sín título te adentras en la enfermedad mental, que parece también recurrente en otros de tus proyectos.
Sí, es algo constante, latente. Pienso que en el terreno dramático la locura siempre es interesante y a todos nos aterra el momento en el que la cabeza hace ‘click’. Yo soy una persona muy neurótica, cada vez menos, pero sí que he tenido mucha ansiedad y el miedo ha estado muy presente en mi vida y en muchas ocasiones sigue estando. Con el tiempo hay una parte en mí que también tiende a aburguesarse, a sobrevivir de un modo feliz.

Parafraseando a Fernando Trueba y su ‘creo en Billy Wilder’: ¿En quién crees tú?
En Woody Allen y en Meryl Streep, estos no me fallan nunca. Estuve a punto de tatuármelo. También con Tarantino y con Philip Seymour Hoffman, que me parecía genial. Durante un tiempo tuve ahí, en el Olimpo, a Sean Penn, pero últimamente me parece más pesado.

Tu carrera conecta con directores de gran relevancia como Almodóvar, Iñárritu, Armendáriz, Steven Soderbergh. ¿Uno lleva ya mucho peso en la mochila?
No lo vivo como una exigencia. Trabajar con ellos me parece un estímulo, son conquistas en mi profesión y la vida me ha ofrecido en tantas ocasiones la oportunidad de equivocarme y darme hostias que, al revés, lo vivo como un regalo.

Tuviste un año realmente glorioso.
En ese año acabé Los Abrazos Rotos en septiembre y en noviembre estaba haciendo Biutiful. El año anterior había hecho Che con Soderbergh y La Gaviota justo después. Si me paro a mirar, suena pretencioso, pero no cambiaría mi recorrido por nada, porque siento que he hecho todo lo que he deseado hacer.

Este año estoy con una película francesa. Hace cinco años vi la película Las canciones de amor y me enamoré perdidamente, me obsesioné con este tipo de cine tan sexy, tan frío, tan perturbador. Me obsesioné y me puse a estudiar francés. Busqué un representante francés y poco a poco fui haciendo castings en París sin mucha creencia. Me empeñé que en Antigona hubiera un actor francés y creé vínculos con la ciudad. Y al final trabajo allí y cumplo un sueño.

¿Un actor puede decir que un trabajo le ha superado?
Con respecto a afrontar un personaje, a mí, no. Son más las circunstancias que lo rodean. Pero sin duda la hostia más dolorosa fue Antígona en Matadero porque me lo puse muy difícil, fui demasiado incauto a la hora de formar el equipo y pagué un precio muy elevado. Fue una pesadilla, pero también siento que es el trabajo que más me ha hecho crecer y más me ha endurecido. Al final salió tan bonito que estoy orgulloso del resultado.

Sin embargo La Gaviota de Chèjov fue algo maravilloso para ti…
Fue un sueño hecho realidad, cada instante, con dosis de amor y satisfacción… Creo que nunca me cansé, podría vivir haciendo eso el resto de mi vida. Estuvimos año y pico y me supo a poco. Ojalá la vida me permita hacerlo otra vez, creo que no existe un texto que me guste más. Ahora estamos con una versión de El jardín de los cerezos que te pone en contacto con un material que te embellece y ojalá pueda estar pronto en la Sala Mirador.

Has estado en ‘La casa de la portera’ con Animal. ¿Qué te parece el Microteatro?
Me parece fascinante. Estuve en Buenos Aires y existían salas pequeñas en las que esto ocurría. Microteatro me divierte mucho. Tuve ocasión de hacerlo con un ciclo de Calle 13 como director, pero es verdad que a veces es difícil que el teatro suceda y tiene más de divertimento. La casa de la portera me parece un espacio fascinante y es muy morboso vivir el teatro en un lugar así. Con pocos medios puedes montar algo brutal y ellos lo han hecho.

¿Qué queda del Rubén de Flores de otro mundo?
Pues a pesar de las hostias quedan las ganas y la mirada.

Has dicho: ‘Hemos adulterado tanto el amor que ahora es un poco de usar y tirar’. ¿Es el amor la otra constante de tu trabajo?
Paradójicamente ha estado muy presente siendo yo alguien que está aprendiendo a amar porque no sé hacerlo. Lo he vivido muy de mentira siempre, pero desde luego, la idea del amor es algo impresionante, no sé si existe algo más poderoso y es irresistible como material de trabajo.

Otra frase que citas: ‘Somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros’.
No es mía, pero es otra de las que me tatuaría, porque me parece muy importante el momento en el que eres consciente de que lo que eres no sirve y tienes que ver qué haces.

¿Hay personajes que se quedan contigo, dentro de tí?
Tal vez el de Tapas es el que más me he quedado, porque me hacía falta. Y eso que es alguien con tan poco miedo y una mirada tan limpia hacia la vida que no tenía nada que ver conmigo.

¿Alguna vez te has sentido tan incomprendido como Gregor Samsa en La metamorfosis?
Sin duda en el colegio. De pequeño lo tenía todo para ser el blanco de todo lo que puedas imaginar.

Tu pieza Crossover no deja de ser un embrión de una gran metamorfosis…
Es un encargo, un falso piloto, de Canal+ para el festival de series y para que los usuarios participasen. Yo tenía esta pieza escrita en formato de largo y me pareció que era una ocasión estupenda para sacarla y producirla, y ha sido uno de los trabajos más gozosos. Creo que los actores están maravillosos y que ha sido un milagro de trabajo con solo tres días de rodaje y pocos medios.

¿Qué metamorfosis crees que es necesaria para el mundo de la cultura?
Cambiar de gobierno de manera urgente e inmediata. Cada vez hay menos válvulas de oxigeno para poder respirar, el colmo de la extorsión… A mí, todo lo que está pasando alimenta mi fantasía de emigrar, porque no veo otra salida. El arte tiene que ser un negocio como arte, no como churrería y tiene que haber cabida para todo, y más nivel y exigencia.

Fuente: Revista El Duende